viernes, 12 de enero de 2018

La escuela en la plaza

Jaume Martínez Bonafé

Cuando parecía que no íbamos a poder salir del encefalograma plano y del imparable tsunami electoral del Fondo Monetario Internacional y el Banco de Santander (en versión bipartidista) llegaron los jóvenes y tomaron la voz y la palabra. Y empezó una extraordinaria pedagogía popular que inundó las plazas de las ciudades y nos dejó a todos con los ojos a cuadros y el corazón revuelto. Ha sido -está siendo- un hermoso ejemplo de que la política es otra cosa, más allá del espectáculo y la manipulación mediática. No se que habrá pasado y qué estará pasando cuando este texto salga a la luz. Pero eso es lo formidable. Un autentico curriculum de proceso, en el que día a día se sucede la reinvención del lenguaje, se multiplican las redes y ser concretan las ilusiones colectivas. Veo en la plaza de mi ciudad a estudiantes que han sido o son alumnos míos. Les veo aplaudir sin hacer ruido, cuestionar sin irritarse con nadie, cambiar el rollo mientras sonríen con los brazos, dibujar sin tiralíneas y escribir sin dictados. Veo una cola inmensa para querer decir ante un micrófono y construir el texto de la voz pública. La ciudad tiene una escuela y los temas y proyectos que en ella se trabajan llegan hasta las cenas familiares, las colas en el supermercado o el café en la oficina. En la televisión ondean las banderas azules de la demagogia, pero se cuela en la pantalla la imagen de miles de personas que en vez de agitar banderas monocolores juegan con el caleidoscopio de las ideas, siempre plurales, necesariamente diversas, saludablemente nacidas de la voz propia, para constituir con todas ellas una química de poder democrático, de libertad y de inteligencia.
En la escuela de la plaza no hay cátedras, ni libros de texto, ni temarios cerrados, ni exámenes finales, ni pruebas Pisa, ni objetivos operativos, ni competencias. No hay listos ni torpes, ni profes paliza, ni inspectores. Tampoco hay absentismo, ni privilegios, ni créditos, ni sexenios. Porque la escuela de la plaza es la escuela de la vida, y en la vida no se puede perder un sólo minuto en todas esas tonterías.

(El texto lo publiqué en plena movida 15M. No me gustaría pensarlo como antiguo)

Testimonis dels Moviments de Renovació Pedagògica al País Valencià

https://www.youtube.com/watch?v=oA7J5Es-8nY&feature=youtu.be

Un grup d'estudiants de la Facultat de Magisteri de València han fet un documental titulat "Testimonis dels Moviments de Renovació Pedagògica al País Valencià". Una contribució important a la memòria del projecte d'escola pública, popular i valenciana. Gràcies pel treball i per la idea que la paraula viva d'un conjunt de mestres compromesos amb la renovació pedagògica i la transformació social pot ser un estímul per els o les que avui estan començant l'aventura de ser una bona mestra o un bon mestre.

Pedagogies homologades, no gràcies

http://diarieducacio.cat/pedagogies-homologades-no-gracies/

miércoles, 10 de enero de 2018

¿Qué hace aquí el poder?

Byung-Chul Han (2016) Sobre el poder. Barcelona, Herder.

La palabra poder, usada de mil maneras en múltiples ocasiones arrastra, sin embargo, un mapa conceptual repleto de complejidad y confusión. Byung-Chul Han dedica en este libro un considerable esfuerzo a poner en relación y unificar de un modo dinámico las múltiples y divergentes nociones que sobre el poder han venido produciéndose.  Apoyado en una cuidada bibliografía, organiza su trabajo en cinco capítulos temáticos en los que trata sucesivamente la lógica, la semántica, la metafísica, la política y la ética del poder.

Frente a las nociones simplificadoras,  que suponen que el poder opera únicamente inhibiendo, destruyendo o prohibiendo, el autor invita a pensar el poder de un modo dialéctico, como una dispersión estructural y una relación comunicativa cuya función es que no se perciba como tal sino que se diluya en consentimiento. Para ello el poder requiere generación de sentido, creación de significatividad. "En lugar de limitarse a erigir o destruir bloqueos, el poder crea un sistema de relaciones, una red de comunicaciones que está transida de signos y de significados" (p. 59) El poder necesita también un espacio que lo porte, que lo afirme y legitime, un nosotros político, la continuidad de la acción comunitaria. "Poder es lo que hace existir y mantiene en la existencia el ámbito público, el potencial espacio de aparición entre sujetos que actúan y hablan" dice H. Arendt. Desde esta mirada amable, lo político es un actuar conjunto que genera poder.

Vale la pena preguntarnos por el modo en que opera el poder en la educación. Cómo asoma la nariz tras la elocuencia de las certezas absolutas, la razón convincente, los rituales que colocan a los cuerpos en los espacios convenidos, la solución incuestionable en la guía didáctica, la voz amplificada en la tarima, los soles y las sombras del patio de recreo, la etiqueta en el informe de evaluación, ...y también la asamblea freinet, el circulo de cultura freiriano, la experiencia sistematizada, ....  Vale la pena abrir la puerta del aula y peguntarnos: ¿Qué hace aquí el poder?

Jaume Martínez Bonafé (Reseña publicada en Cuadernos de Pedagogía sept 2017)

viernes, 5 de enero de 2018

PARA PENSAR (TAMBIÉN) LA ESCUELA PÚBLICA

JESSOP, Bob (2016) El Estado. Pasado, presente, futuro. Madrid, La Catarata.


En una época en que parece que la comprensión de la política venga mediada por la hegemonía de un dispositivo twitter con un límite de 140 caracteres,  las 350 páginas del muy recomendable libro de Jessop nos conducen por una profunda exploración sobre el problema conceptual y político de una teoría del Estado. Su mirada, basada en el "enfoque estratégico-relacional" propone un tratamiento del Estado  como algo mas que un complejo aparato institucional para ser analizado como una relación social. Esta es una importante contribución porque nos permite pensar el problema como algo cambiante, con funciones y efectos estratégicos diferenciales, dependiente de las dinámicas sociales.
El libro organizado en tres partes, trata en la primera sobre "el -estado como concepto, relación y realidad", en la segunda sobre "territorio, aparato y población", y la tercera sobre "pasado y presente (futuros) del Estado".  Y se abre además con un extenso y situado prólogo de Juan Carlos Monedero.
En el libro Jessop presenta una aproximación al Estado desde el análisis de los elementos de territorialización del poder político, prestando una especial atención a los asuntos culturales, la ecología política, y subraya su función discursiva, es decir la creación de una idea de Estado, que se toma como referencia colectiva compartida acerca de sus objetivos. Se enfrenta a las relaciones entre globalización capitalista y Estado, auge y crisis neoliberal y emergencia del autoritarismo en las democracias de los sistemas capitalistas.
Si el trabajo de Jessop es recomendable para cualquier interesado en los avatares de la economía política, lo es aquí particularmente para quienes nos hemos ocupado en el debate que diferenciaba  la escuela pública y la escuela estatal, y nos ha interesado una mirada sobre la escuela pública como motor de cambio y transformación social. Si el Estado es una relación social tejida por una compleja red de tensiones y antagonismos, el proyecto político de la escuela pública puede operar también en esa compleja dinámica de su gobernanza. 

(Publicado en Cuadernos de Pedagogía, nov. 2017)

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Autoridad en la tarima

(Aunque es un texto antiguo, que publiqué en Escuela en octubre 2009, me ha parecido oportuno recuperarlo aquí ahora).
 

Leo en la prensa del miércoles, 17 de septiembre, que “los docentes de Madrid darán clase en tarimas para tener más autoridad”. ¿Cómo es posible? ¿qué miope y reaccionario concepto de autoridad tienen los gobernantes de esa Comunidad? Al llegar a la Facultad comento la noticia con mis colegas y me informan que hay alguna organización sindical que ve con buenos ojos la medida. Y alguien que debe tener más entrenamiento en la mirada sociológica añade que debe haber una considerable masa social que aplaudirá esa propuesta legislativa. Dice la noticia, además, que la presidenta de la Comunidad elevará el status jurídico del maestro al de “autoridad pública”, al igual que un policía o un juez, de modo que gozarán de “presunción de veracidad”, es decir, que “su palabra tendrá prevalencia sobre la de los chavales”. Al sumergirme un poco más en el tratamiento mediático de la noticia me doy cuenta que el circo está montado: unos que bien, otros que mal, y otros que aprovechan lo del Pisuerga para dar caña: al maestro, a los padres. No hay análisis ni respuestas estructurales, ciertamente, que la época no está para esas seriedades analíticas.  Se citan los informes, y las estadísticas y, como casi siempre, “en España estamos peor”. ¿Qué nos está pasando? 
No me puedo creer que nadie en su sano juicio pedagógico pueda pensar que a un maestro o a una maestra sus alumnos le van a otorgar un mayor reconocimiento y estima porque se suba un escaloncito. En la práctica escolar y en la reflexión pedagógica el concepto de autoridad refiere a una relación de reconocimiento, horizontalidad y apoyo mutuo. Se confiere autoridad a alguien que desde su saber y experiencia nos ayuda en nuestro desarrollo personal y en el crecimiento de nuestra autonomía plena. Tiene autoridad el maestro o la maestra que construye una relación de confianza, facilita el acercamiento personal y abre posibilidades a la comprensión del mundo y de uno mismo en el mundo. Y en esa hermosa relación de autoridad, por cierto, el maestro se educa profesionalmente y crece como persona. Como pueden ustedes imaginar, eso no depende de estar subido a una tarima; es más, la tarima lo dificulta, porque simbólicamente nos aleja –a los docentes- del alumnado. Pero además, esa medida, tranquilamente anunciada a los medios, es un provocador desprecio hacia un largo y esforzado proceso de renovación pedagógica por el que poco a poco, día a día, muchos maestros y maestras han ido dignificando la escuela pública que tan maltrecha nos dejó la dictadura.
Aunque quizá se trate de eso, de un regreso, de una vuelta a un modelo escolar autoritario en el que la voz de mando no podía ser discutida. Un modelo jerárquico y antidemocrático en el que el alumno obedecía sin rechistar al maestro, el maestro al director, el director al inspector, el inspector, que se yo, al Jefe Local del Movimiento. Quizá estén pensando el volver también al castigo físico, a los brazos en cruz. Siempre ha habido comportamientos de indisciplina en las aulas y en ocasiones se producen en algunos colegios situaciones conflictivas y transgresiones violentas. Son hechos preocupantes, ciertamente, que exigen un modo de diálogo, análisis y reflexión, que conduzca a revisar y modificar muchas de las cosas que hacemos en las escuelas. Pero no para volver a propuestas obsoletas. Los maestros que crean que subiéndose a una tarima van a ser más escuchados han perdido la memoria. Todos y todas sabemos muy bien que el clima de atención y respeto que pudimos vivir en el aula con nuestros maestros dependía en mucho de su capacidad para aproximarse con inteligencia y afecto a las particulares biografías, experiencias y deseos que, junto a la cartera con los libros de texto, metíamos en el aula cada uno de nosotros.  
No me resisto a contarles una secuencia de una hermosa película L’école buissonnière, realizada en 1948, en la que se escenifica la vida de Celestin Freinet. El maestro  llega a un pueblecito de montaña y al anunciarse los fríos del invierno reclama al alcalde presupuesto para la leña de la estufa. Como los dineros públicos no llegaban y el frío era intenso un día el maestro decide, en asamblea con los alumnos, hacer añicos la tarima del aula y alimentar con ella la estufa. Pues me parece una sugerente y acertada metáfora.