Jaume Martínez Bonafé
Cuando parecía que no íbamos a poder salir del encefalograma plano y del imparable tsunami electoral del Fondo Monetario Internacional y el Banco de Santander (en versión bipartidista) llegaron los jóvenes y tomaron la voz y la palabra. Y empezó una extraordinaria pedagogía popular que inundó las plazas de las ciudades y nos dejó a todos con los ojos a cuadros y el corazón revuelto. Ha sido -está siendo- un hermoso ejemplo de que la política es otra cosa, más allá del espectáculo y la manipulación mediática. No se que habrá pasado y qué estará pasando cuando este texto salga a la luz. Pero eso es lo formidable. Un autentico curriculum de proceso, en el que día a día se sucede la reinvención del lenguaje, se multiplican las redes y ser concretan las ilusiones colectivas. Veo en la plaza de mi ciudad a estudiantes que han sido o son alumnos míos. Les veo aplaudir sin hacer ruido, cuestionar sin irritarse con nadie, cambiar el rollo mientras sonríen con los brazos, dibujar sin tiralíneas y escribir sin dictados. Veo una cola inmensa para querer decir ante un micrófono y construir el texto de la voz pública. La ciudad tiene una escuela y los temas y proyectos que en ella se trabajan llegan hasta las cenas familiares, las colas en el supermercado o el café en la oficina. En la televisión ondean las banderas azules de la demagogia, pero se cuela en la pantalla la imagen de miles de personas que en vez de agitar banderas monocolores juegan con el caleidoscopio de las ideas, siempre plurales, necesariamente diversas, saludablemente nacidas de la voz propia, para constituir con todas ellas una química de poder democrático, de libertad y de inteligencia.
En la escuela de la plaza no hay cátedras, ni libros de texto, ni temarios cerrados, ni exámenes finales, ni pruebas Pisa, ni objetivos operativos, ni competencias. No hay listos ni torpes, ni profes paliza, ni inspectores. Tampoco hay absentismo, ni privilegios, ni créditos, ni sexenios. Porque la escuela de la plaza es la escuela de la vida, y en la vida no se puede perder un sólo minuto en todas esas tonterías.
(El texto lo publiqué en plena movida 15M. No me gustaría pensarlo como antiguo)
viernes, 12 de enero de 2018
Testimonis dels Moviments de Renovació Pedagògica al País Valencià
https://www.youtube.com/watch?v=oA7J5Es-8nY&feature=youtu.be
Un grup d'estudiants de la Facultat de Magisteri
de València han fet un documental titulat "Testimonis dels Moviments de
Renovació Pedagògica al País Valencià". Una contribució important a la
memòria del projecte d'escola pública, popular i valenciana. Gràcies pel
treball i per la idea que la paraula viva d'un conjunt de mestres compromesos
amb la renovació pedagògica i la transformació social pot ser un estímul per
els o les que avui estan començant l'aventura de ser una bona mestra o un bon
mestre.
miércoles, 10 de enero de 2018
¿Qué hace aquí el poder?
Byung-Chul Han (2016) Sobre
el poder. Barcelona, Herder.
La palabra poder, usada de mil maneras en múltiples ocasiones
arrastra, sin embargo, un mapa conceptual repleto de complejidad y confusión.
Byung-Chul Han dedica en este libro un considerable esfuerzo a poner en
relación y unificar de un modo dinámico las múltiples y divergentes nociones
que sobre el poder han venido produciéndose.
Apoyado en una cuidada bibliografía, organiza su trabajo en cinco
capítulos temáticos en los que trata sucesivamente la lógica, la semántica, la
metafísica, la política y la ética del poder.
Frente a las nociones simplificadoras, que suponen que el poder opera únicamente
inhibiendo, destruyendo o prohibiendo, el autor invita a pensar el poder de un
modo dialéctico, como una dispersión estructural y una relación comunicativa
cuya función es que no se perciba como tal sino que se diluya en
consentimiento. Para ello el poder requiere generación de sentido, creación de
significatividad. "En lugar de limitarse a erigir o destruir bloqueos, el
poder crea un sistema de relaciones, una red de comunicaciones que está
transida de signos y de significados" (p. 59) El poder necesita también un
espacio que lo porte, que lo afirme y legitime, un nosotros político, la
continuidad de la acción comunitaria. "Poder es lo que hace existir y
mantiene en la existencia el ámbito público, el potencial espacio de aparición
entre sujetos que actúan y hablan" dice H. Arendt. Desde esta mirada amable,
lo político es un actuar conjunto que genera poder.
Vale la pena preguntarnos por el modo en que opera el poder en la
educación. Cómo asoma la nariz tras la elocuencia de las certezas absolutas, la
razón convincente, los rituales que colocan a los cuerpos en los espacios
convenidos, la solución incuestionable en la guía didáctica, la voz amplificada
en la tarima, los soles y las sombras del patio de recreo, la etiqueta en el
informe de evaluación, ...y también la asamblea freinet, el circulo de cultura
freiriano, la experiencia sistematizada, ....
Vale la pena abrir la puerta del aula y peguntarnos: ¿Qué hace aquí el
poder?
Jaume
Martínez Bonafé (Reseña publicada en Cuadernos de Pedagogía sept 2017)
viernes, 5 de enero de 2018
PARA PENSAR (TAMBIÉN) LA ESCUELA PÚBLICA
JESSOP, Bob (2016) El Estado. Pasado,
presente, futuro. Madrid, La Catarata.
En una época en que parece que la comprensión de la política venga mediada
por la hegemonía de un dispositivo twitter con un límite de 140
caracteres, las 350 páginas del muy recomendable libro de Jessop nos
conducen por una profunda exploración sobre el problema conceptual y político
de una teoría del Estado. Su mirada, basada en el "enfoque estratégico-relacional"
propone un tratamiento del Estado como algo mas que un complejo aparato
institucional para ser analizado como una relación social. Esta es una
importante contribución porque nos permite pensar el problema como algo
cambiante, con funciones y efectos estratégicos diferenciales, dependiente de
las dinámicas sociales.
El libro organizado en tres partes, trata en la primera sobre "el
-estado como concepto, relación y realidad", en la segunda sobre
"territorio, aparato y población", y la tercera sobre "pasado y
presente (futuros) del Estado". Y se abre además con un extenso y
situado prólogo de Juan Carlos Monedero.
En el libro Jessop presenta una aproximación al Estado desde el análisis de
los elementos de territorialización del poder político, prestando una especial
atención a los asuntos culturales, la ecología política, y subraya su función
discursiva, es decir la creación de una idea de Estado, que se toma como
referencia colectiva compartida acerca de sus objetivos. Se enfrenta a las
relaciones entre globalización capitalista y Estado, auge y crisis neoliberal y
emergencia del autoritarismo en las democracias de los sistemas capitalistas.
Si el trabajo de Jessop es recomendable para cualquier interesado en los
avatares de la economía política, lo es aquí particularmente para quienes nos
hemos ocupado en el debate que diferenciaba la escuela pública y la
escuela estatal, y nos ha interesado una mirada sobre la escuela pública como
motor de cambio y transformación social. Si el Estado es una relación social
tejida por una compleja red de tensiones y antagonismos, el proyecto político
de la escuela pública puede operar también en esa compleja dinámica de su
gobernanza.
(Publicado en Cuadernos de Pedagogía, nov. 2017)
jueves, 16 de noviembre de 2017
viernes, 3 de noviembre de 2017
martes, 10 de octubre de 2017
La democracia, sus agentes y sus agendas, cuando se construyen las políticas públicas de educación
La democracia, sus agentes y sus agendas, cuando se construyen las políticas públicas de educación
Publicado en Revista Educación, Política y Sociedad, no 2(2), julio-diciembre 2017, pp. 38-49 ISSN 2445-4109
Publicado en Revista Educación, Política y Sociedad, no 2(2), julio-diciembre 2017, pp. 38-49 ISSN 2445-4109
miércoles, 27 de septiembre de 2017
Autoridad en la tarima
(Aunque es un texto antiguo, que publiqué en Escuela en octubre 2009, me ha parecido oportuno recuperarlo aquí ahora).
Leo en la prensa del miércoles,
17 de septiembre, que “los docentes de Madrid darán clase en tarimas para tener
más autoridad”. ¿Cómo es posible? ¿qué miope y reaccionario concepto de
autoridad tienen los gobernantes de esa Comunidad? Al llegar a la Facultad
comento la noticia con mis colegas y me informan que hay alguna organización
sindical que ve con buenos ojos la medida. Y alguien que debe tener más
entrenamiento en la mirada sociológica añade que debe haber una considerable
masa social que aplaudirá esa propuesta legislativa. Dice la noticia, además,
que la presidenta de la Comunidad elevará el status jurídico del maestro al de
“autoridad pública”, al igual que un policía o un juez, de modo que gozarán de “presunción
de veracidad”, es decir, que “su palabra tendrá prevalencia sobre la de los
chavales”. Al sumergirme un poco más en el tratamiento mediático de la noticia
me doy cuenta que el circo está montado: unos que bien, otros que mal, y otros
que aprovechan lo del Pisuerga para dar caña: al maestro, a los padres. No hay
análisis ni respuestas estructurales, ciertamente, que la época no está para
esas seriedades analíticas. Se citan los
informes, y las estadísticas y, como casi siempre, “en España estamos peor”.
¿Qué nos está pasando?
No me puedo creer que nadie en
su sano juicio pedagógico pueda pensar que a un maestro o a una maestra sus
alumnos le van a otorgar un mayor reconocimiento y estima porque se suba un
escaloncito. En la práctica escolar y en la reflexión pedagógica el concepto de
autoridad refiere a una relación de reconocimiento, horizontalidad y apoyo
mutuo. Se confiere autoridad a alguien que desde su saber y experiencia nos
ayuda en nuestro desarrollo personal y en el crecimiento de nuestra autonomía
plena. Tiene autoridad el maestro o la maestra que construye una relación de
confianza, facilita el acercamiento personal y abre posibilidades a la
comprensión del mundo y de uno mismo en el mundo. Y en esa hermosa relación de
autoridad, por cierto, el maestro se educa profesionalmente y crece como
persona. Como pueden ustedes imaginar, eso no depende de estar subido a una
tarima; es más, la tarima lo dificulta, porque simbólicamente nos aleja –a los
docentes- del alumnado. Pero además, esa medida, tranquilamente anunciada a los
medios, es un provocador desprecio hacia un largo y esforzado proceso de
renovación pedagógica por el que poco a poco, día a día, muchos maestros y
maestras han ido dignificando la escuela pública que tan maltrecha nos dejó la
dictadura.
Aunque quizá se trate de eso, de
un regreso, de una vuelta a un modelo escolar autoritario en el que la voz de
mando no podía ser discutida. Un modelo jerárquico y antidemocrático en el que
el alumno obedecía sin rechistar al maestro, el maestro al director, el
director al inspector, el inspector, que se yo, al Jefe Local del Movimiento.
Quizá estén pensando el volver también al castigo físico, a los brazos en cruz.
Siempre ha habido comportamientos de indisciplina en las aulas y en ocasiones
se producen en algunos colegios situaciones conflictivas y transgresiones
violentas. Son hechos preocupantes, ciertamente, que exigen un modo de diálogo,
análisis y reflexión, que conduzca a revisar y modificar muchas de las cosas
que hacemos en las escuelas. Pero no para volver a propuestas obsoletas. Los
maestros que crean que subiéndose a una tarima van a ser más escuchados han
perdido la memoria. Todos y todas sabemos muy bien que el clima de atención y
respeto que pudimos vivir en el aula con nuestros maestros dependía en mucho de
su capacidad para aproximarse con inteligencia y afecto a las particulares
biografías, experiencias y deseos que, junto a la cartera con los libros de
texto, metíamos en el aula cada uno de nosotros.
No me resisto a contarles una secuencia de una hermosa
película L’école buissonnière,
realizada en 1948, en la que se escenifica la vida de Celestin Freinet. El
maestro llega a un pueblecito de montaña
y al anunciarse los fríos del invierno reclama al alcalde presupuesto para la
leña de la estufa. Como los dineros públicos no llegaban y el frío era intenso
un día el maestro decide, en asamblea con los alumnos, hacer añicos la tarima
del aula y alimentar con ella la estufa. Pues me parece una sugerente y
acertada metáfora.
domingo, 17 de septiembre de 2017
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